

El edificio del Palacio se estructura con cuatro crujías dispuestas entorno a un patio central cuadrado al que se abre el corredor de madera sobre columnas de orden toscano, concepción espacial de tradición renacentista. Este caso, se vuelve a reflejar en la disposición de las crujías al exterior.
Dos torres enmarcando la fachada y tramo central de matizada expresión barroca.
El cuerpo central utiliza de forma alternada sillar y sillarejo sin enlucir. En el tramo inferior vuelve a surgir el motivo de la arcada, que da paso a un amplio zaguán en el que convergen la puerta principal y otra lateral, enmarcadas por arco de medio punto y, algunas ventanas abocinadas hacia el interior.
La Capilla actual, obra de los arquitectos Pedro Fernández Lorenzana, Miguel de Sierra y Pablo de Cubas Ceballos, se estructura con planta de cruz latina, capilla hacia el lado sur de la nave y otras dependencias más bajas adosadas alrededor de la cabecera. Tiene un gran desarrollo el alzado y se cubre en sus distintos tramos con bóvedas estrelladas de complicada traza.
En el exterior, una gran portada de concepción barroca en la que destacan dos columnas corintias sobre plinto enmarcada por molduras y orejas. Frisos con decoración vegetal, trozos de entablamento y cornisas de acusado movimiento, completan el conjunto, rematado por un frontón curvo y partido, además de pináculos y bolas.
Debemos destacar en este punto, la labor realizada por el arquitecto D. Joaquín Cores Uría y su hermano decorador D. José Ramón Cores Uría, que han supervisado y dirigido las obras de restauración de todo el monumento durante las últimas cinco décadas.